Durante los siglos XVI y XVII, Portobelo fue uno de los puertos más importantes del imperio español y el punto de tránsito de todas las riquezas de Sudamérica rumbo a Europa. Hoy en día, sus impresionantes fortificaciones coloniales, con cañones apuntando al Mar Caribe, se levantan como un testimonio silente de una era de conquistadores, oro y ataques de piratas legendarios como Francis Drake y Henry Morgan.
Declarado Patrimonio de la Humanidad, este pequeño y pintoresco pueblo afroantillano ofrece ruinas accesibles a pie como el Fuerte de San Jerónimo y la Aduana de Portobelo. Además, alberga la Iglesia de San Felipe, hogar del venerado Cristo Negro de Portobelo, un epicentro de profunda devoción religiosa.
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